La precariedad de la niñez y adolescencia en Argentina

Foto: Pablo Linde

El 20 DE NOVIEMBRE, SE CONMEMORÓ LA APROBACIÓN EN EL ÁMBITO DE
LAS NACIONES UNIDAS DE DOS DOCUMENTOS INTERNACIONALES DE
IMPORTANCIA TRASCENDENTAL, EN TÉRMINOS DE LA INSTAURACIÓN DE UN
CAMBIO DE PARADIGNA ACERCA DE LA MIRADA Y LA DEBIDA ATENCIÓN A
LA NIÑEZ PLANETARIA EN EL MARCO DE LOS DERECHOS QUE A ESTA
POBLACIÓN LES SON PROPIOS. SE TRATA DE LA “DECLARACIÓN DE LOS
DERECHOS DEL NIÑO”, EN 1954 Y DE LA “CONVENCIÓN SOBRE LOS
DERECHOS DEL NIÑO”, EN EL AÑO 1989.
En el marco de esta celebración se entiende oportuno transitar un breve
recorrido por los claroscuros en la cuestión de la niñez, tanto a nivel mundial
como en la Argentina en particular y su correlato en las condiciones en que
transcurrieron y transcurren esas vidas en las diversas cotidianidades.
En un largo y sinuoso camino las sociedad, con disparidades, se involucraron
en reconsiderar lo relativo a la interpretación y valoración de la niñez, hasta que
por fin, al cabo de prolongados procesos de intercambios y disputas se logra
la visualización del NIÑO/NIÑA COMO SUJETOS DE DERECHOS AL AMPARO
DE LOS DOCUMENTOS ANTES CITADOS, los cuales salieron a la luz luego de
muchos intentos frustrados de transformación de la visión de los entornos socio
culturales que resultaban incompatibles con las evidencias de la realidad misma.
A estos vaivenes epocales la República Argentina no estuvo ajena.

Repasando la historia, Hubo un tiempo en el cual los niños eran considerados
“adultos pequeños” y por eso con capacidades de menor valía, interpretación
ésta que justificaba el argumento de aquella definida pequeñez. Otro en el que
se los percibía como “incapaces” de cualquier toma de decisión, así fueran las
correspondientes a su edad evolutiva. Con matices, estas miradas
preponderantes sobre la niñez se mantuvieron en el siglo XVIII, atravesó el XIX y
continuó en parte del siglo XX.
Un ilustrativo ejemplo de lo último antedicho aconteció persistentemente en
éste, nuestro país, desde 1919 con la sanción y vigencia durante casi 100 años
de la Ley Nacional 10.903, denominada “Ley Agote” en honor a su autor, el
médico, investigador y político conservador Luis Agote, quien en un pasaje de
la fundamentación de su proyecto de creación del “Patronato de Menores”,
institución de perfil carcelario con control judicial, afirmó “el niño es como un
salvaje, no tiene grandes escrúpulos, ni fuerzas morales”… “ y se comprende
que en la promiscuidad familiar del conventillo no pasará mucho tiempo sin que
cometa faltas que lo llevarán a la cárcel.” TANTO EL ANÁLISIS COMO LA
SOLUCIÓN QUE PROPONÍA EL DOCTOR A ESA “PROMISCUIDAD QUE NO
ERA OTRA QUE LA DE SER POBRE”, CLARAMENTE RESPONDÍA A UNA

INTERPRETACIÓN DE CLASE. LOS NIÑOS CARENCIADOS, YA SEA POR LA
POBREZA HOGAREÑA, POR LA PRECARIEDAD DE LAS VIVIENDAS QUE
HABITABAN, POR EL HACINAMIENTO, POR SU LARGA PERMANENCIA EN LAS
CALLES Y POR LAS CONDUCTAS QUE A OJO DE LAS AUTORIDADES ERAN
ANTISOCIALES, SE CONSTITUIAN EN CANDIDATOS A “SER JUDICIALIZADOS”,
“TUTELADOS JUNTO A SUS PADRES POR EL ESTADO” Y/O, EN CASOS QUE
SE CONSIDERARAN EXTREMOS, DESVINCULADOS DE SUS FAMILIARES E
INTERNADOS, EN LA INTENCIÓN, SEGÚN DIJERAN, DE PROPORCIONARLES
UN “FUTURO MEJOR”, A DESARROLLARSE EL MISMO EN UN ESPACIO DE
ENCLAUSTRAMIENTO, CON CONTROL JUDICIAL Y ALEJADOS DE SUS
AFECTOS.
De este modo quedaba simbólica y concretamente establecido que los niños de
clase alta debían desarrollarse en un mundo hogareño al cuidado de sus
familiares, los pertenecientes a la clase media, con esfuerzo de los adultos,
debían intentar lograr el comportamiento de las elites, mientras que los niños de
las clases populares compartían y padecían con sus padres todas las
limitaciones que el sistema económico-social les presentasen.
En los tiempos señalados, excepciones a estos procederes sucedieron.
Durante los gobiernos Justicialistas las familias populares y en ellas sus hijos,
contaron con el apoyo necesario para su crecimiento por autovalimiento y no
con la represión del Estado en ocasión de existir problemas relativos a la
niñez y a sus entornos parentales y sociales.
“LOS ÚNICOS PRIVILEGIADOS SON LOS NIÑOS” era la consigna de Perón y la
consecuente obra era asumida por Evita y al resguardo de su letra se fue
resignificando el lugar de la niñez, a la vez que se situando las acciones a ella
destinada como Política Pública del Estado Nacional.
EN EL CONTEXTO DE LO EXPUESTO, POR LA REALIDAD DE LA NIÑEZ ACTUAL
EN ESTA NACIÓN Y A MODO DE CONCLUSIÓN, SE AFIRMA QUE TODAVÍA
HOY LAS LETRAS DE LOS DOCUMENTOS QUE EN ESTA FECHA SE
CONMEMORAN SE DILUYEN ANTE LA MIRADA TRISTE DE MILES Y MILES DE
NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES CARENCIADOS, EXCLUIDOS, MARGINADOS
Y POR ELLO PRIVADOS DEL DEBIDO CUMPLIMIENTO DE LOS DERECHOS
QUE EL ESTADO ARGENTINO, A TRAVÉS DE SUS VARIAS
ADMINISTRACIONES, SE COMPROMETIERON A GARANTIZAR.

Por: Ana Rodríguez – Agrupación del Soberano

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