Ser un líder social amenazado en Colombia

“Qué extraña escenas describes y qué extraños prisioneros,

son iguales a nosotros”

José Saramago, La Caverna 2000

En este extraordinario texto, Saramago cuenta la historia de un alfarero que atraviesa el
proceso de transición entre el requerimiento de su oficio y la desaparición del mismo,
producto de la expansión urbana y el desarrollo de las nuevas tecnologías hasta llegar como
efecto a un insoportable olvido, no sólo de su labor sino de él mismo ya que su quehacer ha
constituido un pilar significativo de su identidad.
En Colombia, ese tipo de olvido progresivo y constante, atentatorio de las identidades
individuales y sociales, puede visualizarse a modo de indiferencia de numerosos sectores de la población con los graves problemas que aquejan a los ciudadanos más injustamente
desfavorecidos. En lo cotidiano, los líderes sociales arriesgan su vida denunciando los males
que aquejan a sus respectivas comunidades en sus territorios, muchos de ellos relacionados
directamente con el medio ambiente, los hechos de corrupción y todos aquellos asociados a la vulneración de los derechos humanos que a los lugareños les son propios.
El desconocimiento y una cierta indolencia de la población en general sobre las actividades que realizan los líderes sociales para la protección y el desarrollo con justicia y equidad de los
integrantes de las comunidades, se traducen en la pétrea apatía que aparece demostrada cada vez que se notifica un nuevo asesinato, alcanzando hasta el 25 de julio de 2019 más de 60 de ellos. A esto habría que agregar el papel de los medios de comunicación que mayoritariamente expresan “sus condolencias”, con la frialdad que representan los números, como si la muerte de cada líder o actor social sólo sirviera para contabilizar y superar records negativos. En el trasfondo, cada muerte se lleva consigo sueños, esperanzas, alegrías y tristezas que, al igual que el férreo compromiso que esto hombres y mujeres tuvieron, se desvanecieron.
Parafraseando a Saramago, “Que extraños prisioneros, son iguales a nosotros”, esta frase con
dejo de asombro simboliza perfectamente la empatía significativa que todos los miembros de la sociedad deberían poseer y no siempre poseen. Es que “Son iguales a nosotros” y por eso no tendrían que ponderarse negativamente las diferencias existentes en cuanto a la localización geográfica, la etnia, la cultura, los deseos, la personalidad, es decir, la constitución identitaria.
Cada líder y lideresa social representan esa ambición de cambio para el logro de una mirada y de una acción social mancomunada centrada en la hermandad. Esta finalidad debería
enraizarse en cada una/o de nosotras/os y es responsabilidad de todos que dejen de ser un número y pasen a ser, realmente, “iguales a nosotros”.

Publicado por Mundo In Focus

Periodista argentino en busca de pequeñas historias de este mundo

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